Una receta con la protagonista del otoño convertida en pasta.
Supongo que muchos padres estarán en la misma vicisitud que nosotros... No nos conformamos con que coma un tipo de alimento sino cuanto más variado mejor, por que somos de cultura mediterránea y en eso se basa nuestra alimentación. Y si encima le ponemos la pega de la verdura... pues el camino se hace más duro y retorcido.
La pasta suele gustar a todos los niños y adultos y la calabaza a pesar de ser el protagonista del otoño, los padres no sabemos donde colocarla a pesar de su excelente sabor y su apetitoso color naranja que nos dice a gritos que va cargado de betacarotenos y vitamina C.
Necesitaremos media calabaza (medio kilo de calabaza), un kilo de sémola de trigo de grano duro (en su defecto se puede hacer con harina normal, pero... el resultado no es tan bueno), sal y 6 huevos crudos.
Cortamos la calabaza en dados grandes y la ablandamos al vapor o en el horno, nosotros quitamos la cáscara con cuchillo, pero es muy dura y el cuchillo resbala. Si limpiáis bien la piel, la podéis cocinar con piel y una vez blanda se retira muy fácilmente. Dejamos que se enfríe.
Vertemos el kilo de harina en un bol y añadimos sal, la calabaza y los seis huevos y amasamos, cuando tenemos la masa la podemos cortar en porciones y congelarla en bolas para otra vez, ya que con un kilo de harina tenemos para 10 comensales. Después de reposar una media hora en la nevera, repartimos la masa en 4 bolas y amasamos cada una con un rodillo y hacemos pastas finas no muy grandes y alargadas, las enharinamos y la enrollamos en forma de palmera y cortamos con el cuchillo en tiras finas. Separamos la pasta y la enrollamos en forma de nido.
El proceso de amasado y cortado es cinco veces más fácil con la cortadora-amasadora de pasta, pero pierde ese toque rústico tan bonito de hacer las cosas a mano y con lentitud. Aunque la verdad es que está pendiente que los reyes nos la traigan este invierno, por que nos gusta mucho la pasta casera.
Nosotros hemos utilizado salsa de tomate que es la que más le gusta a nuestro hijo; para amortizar tiempo y energía, nosotros hacemos una gran hoya de seis litros y luego congelamos en pequeños envases.
Esta receta de pasta la aprendimos en un viaje a Argentina (la zona verde del Bolsón) y no tenía forma de espaguetti, sino de gñoquis, también se puede usar esta pasta para hacer lasagña o raviolis.